El emprendimiento peruano transforma caucho silvestre en calzado y accesorios, mientras busca generar ingresos para las familias shiringueras. Su desafío es ampliar la producción, superar barreras logísticas y llevar más valor a las comunidades que conservan el bosque.

El emprendimiento peruano transforma caucho silvestre en calzado y accesorios, mientras busca generar ingresos para las familias shiringueras.

Por Bryam Esquen Del Carmen

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Conservar los bosques amazónicos también requiere generar alternativas económicas para las comunidades que dependen de sus recursos. La extracción de madera y el cambio de uso del suelo pueden competir con la conservación cuando mantener el bosque en pie no representa una fuente de ingresos. Frente a este escenario, el aprovechamiento de productos forestales no maderables, como el látex de la shiringa, abre una posibilidad para desarrollar actividades productivas sin talar los árboles.

En Perú, Ronin busca convertir esa alternativa en un modelo de negocio. El emprendimiento compra caucho silvestre a familias shiringueras y lo transforma en calzado y accesorios que buscan competir en el mercado convencional. La propuesta combina innovación en materiales, manejo forestal y generación de ingresos; sin embargo, su crecimiento depende de superar dificultades técnicas, logísticas y comerciales.

Stakeholders conversó con Cristian Gutiérrez, fundador de Ronin, sobre las condiciones necesarias para sostener este modelo, los mecanismos que permiten rastrear el origen de la materia prima y los retos para ampliar la cadena de valor sin comprometer el propósito ambiental del emprendimiento.

El valor económico de Ronin al bosque amazónico en pie

Ronin parte de una premisa: el bosque puede generar ingresos sin que sus árboles se conviertan en madera. Para ello, trabaja con familias shiringueras de la comunidad nativa de Madre de Dios, ubicada en Puerto Bermúdez, Pasco, que extraen el látex de los árboles para producir caucho.

“Cuando se desarrolla un producto que proviene del bosque, sin necesidad de talarlo, se puede lograr un mayor valor en el bosque, de tal manera que la misma comunidad que vive ahí tenga un ingreso”, explica Gutiérrez.

Este modelo busca modificar los incentivos económicos asociados al territorio. En la Amazonía, el terreno se destina para el cultivo o actividades madereras. En cambio, la venta de caucho permite obtener recursos a partir de árboles que permanecen en pie.

“Si antes no ganaba nada, ahora puede ganar entre 13 y 15 soles por kilogramo extraído”, señala el fundador, en referencia al ingreso que puede obtener una familia por la comercialización de la materia prima.

La empresa traslada las láminas de caucho a Lima, donde las procesa para fabricar productos finales. Así, el modelo conecta el aprovechamiento del recurso en la Amazonía con etapas de transformación y comercialización que permiten acceder a otros mercados.

Esta lógica también aparece en otras experiencias de manejo comunitario de la shiringa. El Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) ha documentado iniciativas de comunidades amazónicas que producen láminas destinadas a la industria del calzado. Aunque corresponden a territorios y organizaciones diferentes, muestran cómo un recurso forestal no maderable puede generar oportunidades económicas sin depender de la tala.

Uno de los elementos que diferencia la propuesta de Ronin es el precio que paga por el caucho silvestre. Según la información publicada sobre el emprendimiento, la empresa compra el kilogramo a entre S/12 y S/15, frente a un precio convencional de alrededor de S/6,50.

Para Gutiérrez, el origen de la materia prima constituye un atributo diferenciador. “Es un elemento muy fuerte que nos va a permitir diferenciarnos del mercado”, sostiene. La empresa busca que los consumidores valoren no solo el producto, sino también su contribución a la generación de ingresos en las comunidades y a la conservación del bosque.

El reto consiste en mantener esa propuesta a medida que crece la demanda. La disposición de los clientes a pagar por un producto con atributos ambientales debe acompañarse de calidad, durabilidad y precios competitivos. La sostenibilidad del modelo depende de que el propósito ambiental pueda convivir con las exigencias comerciales.

Gutiérrez también relaciona la actividad económica con la prevención de incendios forestales. Cuando una comunidad obtiene ingresos del bosque, explica, tiene más incentivos para recorrer y vigilar el territorio. Esa presencia puede facilitar la identificación temprana de riesgos.

“Eso no es una solución definitiva, pero sí es una solución”, precisa. Para el fundador, el aprovechamiento sostenible puede contribuir a que el bosque reciba una vigilancia más constante, aunque no elimina por sí mismo la amenaza de los incendios.

¿Cómo innovar y competir en el mercado del calzado?

La generación de ingresos debe acompañarse de mecanismos que permitan aprovechar la shiringa sin dañar los árboles. Por eso, Ronin trabaja con una comunidad que cuenta con una declaración de manejo forestal, instrumento que establece las condiciones para el aprovechamiento de los recursos del bosque.

Gutiérrez explica que el documento incluye la identificación geográfica de los árboles de los que se extrae el látex. “Se georreferencia cada uno de los árboles de extracción para saber la ubicación exacta de cada uno”, detalla.

La elaboración de esta declaración requiere la participación de un ingeniero forestal, quien identifica los árboles y establece criterios técnicos para realizar la extracción sin dañarlos. El documento también debe actualizarse periódicamente, porque las lluvias, los vientos y los movimientos del terreno pueden provocar la caída de algunos ejemplares.

Este procedimiento permite vincular la materia prima con un área identificada y establecer condiciones para su aprovechamiento. También implica trabajo técnico y administrativo, además de la coordinación necesaria para comercializar el recurso de manera formal.

El desafío aumenta cuando la empresa busca incorporar nuevas comunidades. Cada zona requiere su propia declaración de manejo, lo que implica contratar profesionales y preparar la documentación correspondiente. Por tanto, ampliar el abastecimiento no depende únicamente de encontrar más productores, sino también de asegurar que cada nueva área cumpla con las condiciones necesarias para el aprovechamiento sostenible.

El uso del caucho silvestre también ha planteado desafíos técnicos. Gutiérrez señala que Ronin ya superó las principales dificultades para desarrollar calzado urbano, pero que la fabricación de suelas para fútbol sobre césped sintético exigió un trabajo más complejo.

Este tipo de producto necesita resistencia al desgaste y flexibilidad. Además, el material debe responder a las exigencias del uso deportivo, pese a que las láminas de caucho silvestre no tienen la misma uniformidad que las utilizadas habitualmente por la industria.

“El reto más fuerte que tuvimos fue justamente la formulación para el calzado de fútbol”, explica Gutiérrez. La empresa tuvo que encontrar una combinación que permitiera incorporar el caucho silvestre sin comprometer el desempeño de la suela.

Superar esta dificultad es importante para la competitividad del negocio. El origen sostenible de una materia prima puede diferenciar un producto, pero no reemplaza las exigencias de calidad y durabilidad que esperan los consumidores.

Ronin también explora otras aplicaciones del caucho, entre ellas juguetes, accesorios y productos para mascotas, mediante el trabajo con una organización alemana. Estas líneas requieren formulaciones específicas y el cumplimiento de sus propias condiciones técnicas, por lo que representan nuevas oportunidades de desarrollo y, al mismo tiempo, otros retos para la empresa.

El premio Kunan y el llevar más valor a las comunidades

Ronin obtuvo el Gran Premio del Desafío Kunan 2026, que contempla S/50.000 para fortalecer el emprendimiento. La inversión permitirá desarrollar moldes propios, ampliar las tallas disponibles y ofrecer nuevas alternativas a marcas interesadas en incorporar caucho silvestre a sus productos.

“Estamos viendo integrar los moldes nuevos para tallas que nos faltaban”, explica Gutiérrez. La empresa también busca adaptar los moldes para que otras marcas puedan comprar sus suelas e incorporar sus propios elementos de identidad.

Esta estrategia podría ampliar los canales comerciales de Ronin y generar una mayor demanda de materia prima. Según el fundador, la intención es que ese crecimiento permita aumentar las compras a las familias productoras e incorporar progresivamente a más comunidades.

En el caso de Ronin, la expansión enfrenta obstáculos concretos. Las láminas de caucho salen de las comunidades por vía fluvial y luego continúan por carretera hasta Lima. Durante el traslado, el material debe mantenerse seco para evitar su deterioro.

“El reto ahí siempre es mantener que el material esté seco”, señala Gutiérrez. Si las láminas se mojan y presentan problemas posteriores, la empresa puede tener que reprocesarlas, lo que incrementa los costos de operación.

La ampliación de la cadena también requiere nuevas declaraciones de manejo forestal para las comunidades que se incorporen. Por ello, aumentar las ventas y la producción exige resolver de manera paralela los problemas de transporte, almacenamiento y formalización del aprovechamiento.

Más allá de vender más productos, Gutiérrez plantea que una mayor parte del valor económico se genere cerca de las zonas de origen. “Yo siempre tenía el sueño de que la mayor cantidad de valor pueda llegar a la misma comunidad”, afirma.

Actualmente, Ronin procesa el caucho en Lima. Instalar una planta en las comunidades todavía presenta dificultades logísticas y técnicas, pues requiere conocimientos específicos y condiciones para procesar el material. Por eso, el fundador plantea avanzar gradualmente hacia nuevas etapas de transformación.

Una posibilidad consiste en mejorar la elaboración de materiales a partir del látex aplicado sobre telas. Gutiérrez explica que estas formulaciones todavía presentan limitaciones de resistencia y durabilidad. El objetivo es desarrollar materiales que no se vuelvan pegajosos ni pierdan sus propiedades con el uso, para que puedan convertirse en productos comercializables desde las propias comunidades.

La empresa también trabaja en Ronin Lab, donde desarrolla biomateriales que incorporan fibras amazónicas, como las de aguaje, shambira y tallo de plátano. En el caso del aguaje, Gutiérrez señala que ya existe trabajo previo con una comunidad para desarrollar el aprovechamiento de la fibra. El siguiente paso consiste en incorporarla a diseños y convertirla en accesorios dirigidos al mercado local.

Estas iniciativas amplían las posibilidades de utilizar recursos amazónicos en productos de mayor valor, aunque su desarrollo depende de resolver aspectos técnicos y encontrar mercados capaces de sostener la demanda.

La experiencia de Ronin muestra que convertir la conservación en una actividad económica requiere mucho más que una materia prima diferenciada. La trazabilidad, la calidad del producto, la logística y el acceso a nuevos clientes son condiciones necesarias para que el modelo crezca.

El siguiente paso será ampliar la producción y la red de comunidades proveedoras sin debilitar los criterios de manejo forestal. A largo plazo, el objetivo de Gutiérrez es que las familias no solo suministren el caucho, sino que también puedan participar en más etapas de su transformación. Alcanzarlo dependerá de cerrar las brechas técnicas y comerciales que todavía limitan esa posibilidad.

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