Las dificultades económicas continúan siendo una de las principales amenazas para la permanencia de los jóvenes en la educación superior. Una investigación desarrollada por Estudio Abierto de Habla Latam reveló que el 60% de la deserción universitaria en Lima responde a problemas financieros, una situación que expone las limitaciones existentes en la educación financiera de los estudiantes.
El estudio se basó en una encuesta aplicada a 380 universitarios de la capital, además de entrevistas a profundidad y grupos focales. Los resultados muestran que, aunque cada vez más jóvenes generan sus propios ingresos y asumen responsabilidades económicas desde etapas tempranas, muchos continúan aprendiendo a administrar su dinero cuando enfrentan situaciones que ponen en riesgo su continuidad académica.
La investigación también identificó que el 39% de los estudiantes considera que sus finanzas comprometieron su permanencia en la universidad durante los últimos meses.
La familia sigue siendo el principal respaldo económico
Uno de los hallazgos más relevantes es que los universitarios recurren principalmente a su entorno más cercano cuando atraviesan dificultades económicas.
Según el estudio, el 57% busca ayuda en su familia. En contraste, solo el 15% acude a una entidad financiera y apenas el 14% solicita apoyo a su universidad.
Los resultados reflejan la limitada conexión que todavía existe entre los estudiantes y las instituciones que podrían brindar herramientas para enfrentar emergencias económicas o planificar mejor sus recursos.
El perfil del universitario peruano está cambiando
La investigación también desmonta algunas ideas tradicionales sobre los estudiantes universitarios. Actualmente, uno de cada tres tiene 24 años o más, mientras que cerca de la mitad ya no depende exclusivamente del apoyo económico de sus padres.
Además, el 62% genera ingresos propios a través de empleos formales, emprendimientos, ventas, proyectos independientes o actividades eventuales.
Este panorama evidencia que un número creciente de jóvenes combina los estudios con actividades económicas para sostener su formación académica y avanzar hacia una mayor independencia financiera.
La educación financiera se aprende a partir de experiencias reales
Otro de los resultados más significativos señala que los estudiantes no desarrollan sus habilidades financieras principalmente mediante cursos, talleres o capacitaciones formales.
El estudio concluye que el 100% de los participantes modificó su relación con el dinero a partir de experiencias concretas, como recibir su primer sueldo, afrontar una enfermedad familiar o perder una fuente de ingresos.
Asimismo, el 65% afirma haber aprendido sobre gestión financiera gracias a personas cercanas, entre ellas familiares, parejas o amigos con experiencia práctica. En contraste, apenas el 3,4% reconoce haber adquirido estos conocimientos a través de una institución educativa.
Crece la bancarización, pero no la confianza financiera
Aunque las herramientas digitales han facilitado el acceso a servicios financieros, la investigación sostiene que los estudiantes aún no desarrollan una relación sólida con bancos, fintech u otras entidades del sistema.
El informe identifica a la familia como el principal «colchón financiero» de los universitarios y plantea que las instituciones financieras y educativas tienen una oportunidad para acompañar a los jóvenes antes de que enfrenten situaciones críticas.
Según los investigadores, la enseñanza de conceptos teóricos ya no resulta suficiente. El verdadero aprendizaje ocurre cuando los estudiantes administran dinero real, toman decisiones financieras y cuentan con el respaldo de personas de confianza para afrontar sus errores y aciertos.
Un reto para reducir la deserción universitaria
La investigación concluye que fortalecer la educación financiera requiere experiencias prácticas que permitan desarrollar autonomía económica desde etapas tempranas.
Los autores sostienen que brindar herramientas para la gestión responsable de los recursos no solo contribuiría a mejorar la relación de los jóvenes con el dinero, sino que también podría convertirse en un factor clave para reducir la deserción universitaria y fortalecer los vínculos entre los estudiantes y las instituciones que buscan apoyarlos.









