¿Qué lecciones de tu experiencia a través del arte pueden trasladarse al sector empresarial?
Lo primero que aprendí con D1 es que el talento está en todas partes; las oportunidades, no. Durante años hemos visto jóvenes extraordinarios que no necesitaban que alguien los “salvara”; necesitaban que alguien creyera en ellos, les diera herramientas, disciplina y una oportunidad real. Creo que esa es una gran lección para las empresas. La sostenibilidad no puede consistir solamente en compensar impactos o financiar proyectos sociales. Tiene que preguntarse: ¿cómo estoy incorporando a más personas al desarrollo que genero?
Y hay otra lección que me dejó la danza: nadie construye una gran coreografía solo. Necesitas escuchar, confiar, entender tu lugar dentro del conjunto. El desarrollo sostenible también es una coreografía colectiva. Empresa, Estado, sociedad civil, comunidades y ciudadanos tenemos que aprender a movernos juntos.
¿Qué papel pueden tener las empresas para que más jóvenes encuentren oportunidades?
Las empresas tienen algo enormemente poderoso: pueden convertir una oportunidad en una trayectoria de vida. No se trata solamente de dar empleo. Pueden identificar talento donde normalmente nadie está mirando, generar mentorías, formación, primeras experiencias laborales y, sobre todo, construir puentes.
En D1 he aprendido que muchas veces un joven no necesita que le abras todas las puertas. Necesita que alguien le abra la primera. Y creo que ahí las empresas pueden ser transformadoras: dejar de mirar únicamente el currículum que un joven trae y empezar a preguntarse qué podría llegar a ser si alguien apuesta por él.
Para mí, eso también es sostenibilidad: ampliar la cancha para que más personas puedan jugar.
¿Qué significa realmente que una empresa tenga impacto positivo?
Para mí hay una pregunta muy sencilla: ¿la sociedad está mejor porque tu empresa existe? No solamente tus accionistas, tus clientes o tus colaboradores. ¿Está mejor la comunidad que te rodea? ¿Generaste oportunidades? ¿Cuidaste el territorio? ¿Construiste confianza? Porque una empresa puede tener excelentes indicadores de sostenibilidad y, sin embargo, no haber transformado realmente la vida de nadie.
El impacto positivo ocurre cuando el propósito deja de estar en una presentación y entra en las decisiones difíciles del negocio: cómo contratas, cómo produces, cómo tratas a tus proveedores, qué oportunidades generas y qué estás dispuesto a sacrificar para ser coherente. Para mí, impacto es coherencia convertida en acción.
“Me gustaría que cada persona salga de esta Cumbre haciéndose una pregunta: ¿qué puedo hacer yo, desde el lugar que ocupo, que no ocurriría si yo no decidiera hacerlo?”

Polarización, desconfianza y paz son temas relevantes para el país. ¿Qué papel pueden jugar empresas, cultura y arte?
Creo que uno de los grandes problemas que tenemos hoy es que hemos dejado de escucharnos. Estamos demasiado ocupados tratando de demostrar que tenemos razón. Y el arte tiene una capacidad extraordinaria: puede hacer que dos personas que piensan completamente distinto sientan lo mismo durante unos minutos.
Yo lo he visto en la danza. Cuando jóvenes que vienen de realidades sociales completamente diferentes crean juntos, primero dejan de verse desde el prejuicio y empiezan a verse como personas. Ahí empieza la paz.
Pero la paz no es solamente ausencia de violencia. La paz se construye cuando una sociedad siente que pertenece, que es escuchada y que tiene oportunidades. Por eso empresas, cultura y sociedad civil tenemos una responsabilidad enorme: crear espacios de encuentro en lugar de alimentar las divisiones.
El Perú no necesita que pensemos igual. Necesita que aprendamos a construir juntos aun pensando diferente.
¿Qué quisieras que los participantes se lleven de la Cumbre Perú Sostenible 2026?
Me gustaría que cada persona salga de esta Cumbre haciéndose una pregunta: ¿qué puedo hacer yo, desde el lugar que ocupo, que no ocurriría si yo no decidiera hacerlo? Porque a veces hablamos de los problemas del Perú como si fueran tan grandes que nuestra acción individual fuera irrelevante. Y mi experiencia me ha demostrado exactamente lo contrario.
D1 empezó con una decisión pequeña: utilizar lo que yo sabía hacer —bailar— para generar una oportunidad para otros. Yo jamás imaginé hasta dónde podía llegar esa decisión. Hoy más de 100 000 jóvenes impactados una industria de la danza creada. Entonces no quisiera que salgamos de Perú Sostenible solamente inspirados: quisiera que salgamos comprometidos.
Que cada empresa elija una acción concreta, medible y sostenida; que cada persona encuentre aquello que puede poner al servicio de los demás. Porque el Perú que queremos no va a aparecer. Lo tenemos que construir.









