La suplantación de identidad para acceder a cuentas bancarias o tarjetas de crédito se mantiene como una de las principales amenazas de fraude digital en el Perú. Aunque la incidencia nacional permaneció estable durante los últimos doce meses, el impacto sigue siendo masivo y afecta a millones de usuarios del sistema financiero.
El análisis regional y demográfico revela cambios en el comportamiento del delito; mientras algunas zonas del país registran reducciones, otras muestran incrementos sostenidos, especialmente en regiones fuera de Lima y entre poblaciones de mayor edad.
¿Cómo los delitos digitales golpean a los peruanos día a día?
De acuerdo con los datos analizados, la incidencia del delito se mantuvo en 11% tanto en 2024 como en 2025; sin embargo, esta cifra representó más de dos millones setecientas veinte mil personas afectadas solo durante los últimos tres meses de 2025, lo que evidencia que la estabilidad estadística no implica una reducción real del riesgo para los ciudadanos.
El análisis territorial revela cambios importantes en la distribución del fraude. Mientras Lima y el promedio nacional mostraron variaciones mínimas, la región centro registró un incremento de 10% a 12%, y el oriente presentó el crecimiento más significativo al pasar de 2% a 6%.
En contraste, el norte redujo su incidencia de 12% a 9%, y el sur también mostró una mejora al descender de 10% a 8%, casi dos puntos porcentuales menos que el año anterior.
Especialistas señalan que la educación digital y financiera continúa siendo la principal herramienta preventiva frente a este delito. Los sectores con mayor acceso al sistema financiero formal, y por lo tanto con mayor exposición a campañas informativas, registraron una caída estadísticamente significativa en los casos de suplantación de identidad, pasando de 18% en 2024 a 11% en 2025.
El comportamiento por edades también evidencia cambios relevantes. La población joven entre 18 y 25 años, con mayor familiaridad tecnológica, redujo la incidencia del fraude de 14% a 10% durante el último año; en cambio, los usuarios de 40 años a más mostraron un ligero incremento, al pasar de 7% a 8%, lo que confirma una migración del riesgo hacia grupos con menor adaptación digital.
El avance de la digitalización financiera amplía oportunidades de inclusión, pero también exige mayores niveles de prevención. El uso responsable de la tecnología, la protección de datos personales y el cuidado en el manejo de tarjetas y credenciales digitales se consolidan como factores clave para reducir un delito que, pese a no crecer en porcentaje, continúa afectando a millones de peruanos cada año.









