Tras casi cinco meses de recuperación en el Refugio Faunístico Atinguy, polluelos de guacamayo rojo rescatados del tráfico ilegal ya vuelan y aprenden a alimentarse solos, paso clave para su liberación en Paraguay.

El Mades impulsa la rehabilitación de estas aves mientras expertos advierten que la deforestación y el comercio ilegal siguen amenazando al guacamayo en América del Sur.
El Mades impulsa la rehabilitación de estas aves mientras expertos advierten que la deforestación y el comercio ilegal siguen amenazando al guacamayo en América del Sur.

Por Stakeholders

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Varios polluelos de guacamayo rojo rescatados del tráfico de fauna silvestre en Paraguay se preparan para volver a la naturaleza tras casi cinco meses de recuperación.

El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible trasladó a las crías al Refugio Faunístico Atinguy, donde veterinarios y rescatistas acompañaron su crecimiento hasta alcanzar una etapa clave: ya vuelan y comienzan a alimentarse por sí solas.

¿En qué proceso las autoridades paraguayas encontraron a los guacamayos?

Los pichones llegaron en septiembre del año pasado en estado crítico; no podían abrir los ojos, carecían de plumas y dependían completamente del cuidado humano. Según los veterinarios del refugio, el equipo trabajó en su alimentación, hidratación y fortalecimiento muscular hasta que desarrollaron plumaje y capacidad de vuelo.

La médica veterinaria del Refugio Atinguy explicó que actualmente los polluelos aprenden a buscar su propia comida, un paso decisivo para lograr independencia total y concretar su liberación.

El caso refleja el impacto del tráfico ilegal de aves en América del Sur. El guacamayo rojo enfrenta una situación delicada en gran parte de su distribución; aunque algunas poblaciones muestran señales de recuperación, la mayoría continúa bajo presión.

En varios países la especie figura como vulnerable o en peligro debido a la pérdida de hábitat por deforestación, la fragmentación del bosque y la captura de pichones para el comercio de mascotas. Esta práctica reduce la viabilidad de las poblaciones y provoca descensos sostenidos en distintas regiones.

La conservación del guacamayo depende de la protección efectiva de los bosques que le proveen alimento, refugio y sitios de reproducción. La especie requiere árboles grandes y antiguos con cavidades naturales para anidar; la tala selectiva afecta directamente su ciclo reproductivo.

¿Especialistas también destacan la importancia de la educación ambiental y del control del tráfico ilegal para reducir la demanda de estas aves como mascotas.

El proceso de rehabilitación en Atinguy abre una oportunidad concreta para que estos guacamayos recuperen su rol ecológico en libertad.

Su eventual liberación no solo representa una segunda oportunidad para las crías rescatadas, sino también un mensaje sobre la urgencia de combatir el comercio ilegal de fauna y proteger los ecosistemas que sostienen a una de las aves más emblemáticas de la región.

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