Una colilla de cigarrillo abandonada en la vía pública suele pasar desapercibida. Sin embargo, cuando entra en contacto con el agua, activa un proceso inmediato de contaminación que no se percibe a simple vista y que termina afectando ríos, arroyos y lagos urbanos.
Investigaciones de la Universidad de Buffalo advierten que los filtros comienzan a liberar microfibras plásticas apenas se mojan, por lo que el daño ambiental se inicia en cuestión de segundos y no después de largos periodos de degradación.
¿Cómo las colillas de cigarrillos promueven microplásticos en el ambiente?
Este fenómeno convierte a calles, cunetas y sistemas de drenaje en corredores directos hacia los ecosistemas acuáticos. La lluvia y la escorrentía urbana arrastran miles de colillas que, al humedecerse, empiezan a fragmentarse y a liberar partículas microscópicas de plástico mezcladas con sustancias tóxicas.
Aunque muchas personas creen que los filtros están hechos de papel, en realidad se fabrican con acetato de celulosa, un plástico modificado diseñado para retener partículas durante el consumo del cigarrillo. Cada colilla contiene miles de hebras compactadas que, una vez expuestas al agua, pierden cohesión con rapidez. Durante el acto de fumar, estas fibras acumulan nicotina, alquitrán y metales pesados; después, al desintegrarse, liberan tanto microplásticos como contaminantes químicos en el entorno.
El agua actúa como detonante de este proceso. No se necesita presión ni desgaste mecánico para que el filtro comience a desprender fibras. El simple contacto con la humedad debilita su estructura y facilita la dispersión de microplásticos en el ambiente. Además, cada episodio de lluvia reactiva la contaminación, lo que significa que una sola colilla puede liberar partículas de manera repetida a lo largo del tiempo.
Los ríos urbanos suelen ser los primeros en recibir esta carga invisible. Allí, peces, insectos acuáticos y crustáceos ingieren las microfibras de forma accidental, al confundirlas con alimento o incorporarlas junto con sedimentos.
Aunque los efectos no siempre resultan inmediatos ni visibles, la exposición constante altera el equilibrio de los ecosistemas. Las toxinas adheridas a los microplásticos intensifican el impacto biológico y reducen la capacidad de recuperación de la fauna acuática.
¿Cuáles son las medidas para prevenir los microplásticos en las colillas de cigarrillos?
Frente a este escenario, la gestión adecuada de las colillas aparece como una medida clave de prevención ambiental. Evitar que lleguen al suelo reduce de forma directa su ingreso a los sistemas hídricos. El uso de ceniceros portátiles ofrece una solución simple y accesible para fumadores en espacios abiertos.
En áreas públicas, depositar las colillas en recipientes adecuados impide que la lluvia las arrastre hacia desagües y cursos de agua. Apagarlas por completo antes de desecharlas también disminuye el riesgo de incendios y facilita su manejo como residuo.
Las decisiones colectivas juegan un papel central. Instalar ceniceros visibles en paradas de transporte, plazas y zonas comerciales reduce el abandono de colillas. Mantener limpias las bocas de tormenta limita su ingreso al sistema de drenaje urbano. Estas acciones tienen un costo menor que la limpieza de ríos contaminados y ofrecen beneficios ambientales sostenidos.
Comprender que una colilla no representa un residuo menor permite replantear hábitos cotidianos. La prevención, en este caso, se convierte en la herramienta más efectiva para proteger el agua y evitar un daño ambiental que avanza de forma silenciosa pero persistente.









