La llegada masiva de sargazo al Caribe, asociada al cambio climático y la contaminación, impulsa a científicos a explorar su uso como biodiesel, biogás y materiales sostenibles; una alternativa que busca mitigar impactos ambientales, sanitarios y económicos, y convertir una crisis regional en una oportunidad de innovación y economía circular.

Investigadores del Caribe analizan cómo el sargazo puede transformarse en biodiesel, biogás y otros productos sostenibles para reducir su impacto ambiental y fortalecer la economía circular en comunidades costeras.
Investigadores del Caribe analizan cómo el sargazo puede transformarse en biodiesel, biogás y otros productos sostenibles para reducir su impacto ambiental y fortalecer la economía circular en comunidades costeras.

Por Stakeholders

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El aprovechamiento del sargazo como fuente de energía y materiales sostenibles se instaló en el centro del debate científico del Caribe durante el VII Congreso Internacional de la Sociedad Dominicana de Física, Sodofi. El encuentro reunió a investigadores y académicos que analizaron cómo esta macroalga, cuya llegada masiva afecta a ecosistemas y economías costeras, puede transformarse en biodiesel, alcohol, biogás y otros productos de valor agregado.

Uno de los momentos clave del congreso fue la conferencia de la doctora Liz Díaz Vásquez, de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, titulada “Nanomateriales inspirados en la naturaleza: transformando macroalgas en soluciones sostenibles para desafíos energéticos y ambientales”.

¿Cómo el sargazo puede convertirse en energía renovable?

La especialista expuso que el sargazo puede convertirse en una pieza estratégica de la economía circular caribeña y en una alternativa concreta frente a la crisis ecológica que genera su acumulación en playas y zonas marinas.

El impacto del sargazo en el Caribe se ha intensificado en la última década, en un contexto marcado por el calentamiento global y la contaminación. Desde el punto de vista ambiental, las llamadas mareas marrones reducen el oxígeno y la luz solar en el agua, lo que afecta de forma directa a corales y pastos marinos.

En el plano sanitario, la descomposición de las algas libera ácido sulfhídrico, metano y amoníaco, gases asociados a efectos respiratorios, neurológicos y cardiovasculares en las poblaciones expuestas. A ello se suma el impacto económico, con una caída del turismo en zonas como el Caribe mexicano y otras regiones altamente dependientes de las playas, además de la acumulación de metales pesados y microplásticos que agrava la contaminación.

Frente a este escenario, los investigadores presentaron diversas líneas de aprovechamiento que buscan convertir la plaga en recurso. En agricultura, el sargazo puede transformarse en compost y biofertilizantes, siempre que se reduzcan previamente su salinidad y contenido de metales, con aplicaciones viables en plantas ornamentales.

En el sector construcción, se ensayan ladrillos y paneles conocidos como sargablocks, que combinan algas con arcilla y permiten reducir el uso de cemento. En el campo energético, se exploran procesos de pirólisis y fermentación para producir biogás, etanol y biodiesel, uno de los usos con mayor potencial estratégico para la región.

El interés científico también se extiende a la cosmética y la salud, donde se investigan las propiedades antioxidantes y antibacterianas del sargazo para su uso en cremas y jabones. Asimismo, las macroalgas pueden servir como base para bioplásticos, empaques biodegradables y materiales alternativos como el llamado cuero vegano.

Otra línea destacada es la remediación ambiental, mediante biofiltros capaces de remover metales pesados como arsénico, mercurio y plomo, así como residuos farmacéuticos presentes en el agua.

Pese a estas oportunidades, la industrialización del sargazo enfrenta obstáculos relevantes. La recolección y el manejo siguen siendo procesos costosos y complejos, en especial por el transporte desde el mar hasta los centros de procesamiento. Esta limitación reduce su aprovechamiento a gran escala y plantea la necesidad de inversiones en infraestructura y tecnologías adaptadas a las condiciones locales de cada país caribeño.

El congreso de Sodofi abordó además otros avances científicos en nanociencias, energía, física médica, astronomía y astrofísica, con la participación de profesionales y estudiantes de distintos niveles. En ese marco, el profesor Fabrice Piazza, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra de Santiago, presentó investigaciones sobre la hidrogenación de grafeno sobre Cu(111), orientadas a mejorar interfaces cobre diamante en electrónica de alta potencia, un desarrollo clave para microchips, inteligencia artificial y energías renovables.

La llegada masiva de sargazo al Caribe representa una crisis ecológica, económica y sanitaria, pero también una oportunidad para impulsar innovación científica y tecnológica. Convertir esta macroalga en biodiesel, materiales de construcción o biofiltros permitiría transformar un problema persistente en un recurso estratégico, fortaleciendo la economía circular y la resiliencia de las comunidades costeras de la región.

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