La Organización de las Naciones Unidas atraviesa una de las crisis financieras más delicadas de los últimos años y podría quedarse sin fondos operativos en julio si los Estados miembros no regularizan el pago de sus contribuciones obligatorias.
Así lo advirtió el secretario general de la ONU, António Guterres, quien instó a los países a cumplir de manera íntegra y puntual con sus cuotas para evitar un escenario de quiebra que comprometa el funcionamiento del organismo multilateral.
¿Por qué la ONU podría quedarse sin fondos a partir del mes de junio 2026?
Según Guterres, los problemas presupuestarios de la ONU se han vuelto crónicos debido a que algunos Estados no pagan la totalidad de sus aportes y otros retrasan sistemáticamente sus transferencias. Esta situación ha obligado a la organización a congelar contrataciones, aplicar recortes y limitar su capacidad operativa.
“O todos los Estados miembros cumplen sus obligaciones de pagar íntegra y puntualmente, o los Estados miembros deben revisar a fondo nuestras normas financieras para evitar un colapso financiero inminente”, escribió el secretario general en una carta dirigida a los países miembros.
La advertencia se produce en un contexto político especialmente tenso, marcado por la postura crítica de la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, frente al sistema multilateral. En los últimos meses, Washington ha reducido su financiación a varias agencias de la ONU y ha rechazado o postergado algunas contribuciones obligatorias.
Trump ha cuestionado reiteradamente la relevancia del organismo y ha atacado sus prioridades, al tiempo que lanzó recientemente el llamado “Consejo de la Paz”, una iniciativa que, según críticos, busca posicionarse como un rival de la ONU.
Las tensiones geopolíticas entre Estados Unidos, Rusia y China, todos miembros permanentes con poder de veto en el Consejo de Seguridad, también han contribuido a paralizar decisiones clave en el principal órgano de seguridad internacional. Este bloqueo político agrava el panorama financiero y limita la capacidad de respuesta de la organización ante crisis globales.
Un déficit que se agrava año a año
Aunque más de 150 Estados miembros han cumplido con el pago de sus cuotas, la ONU cerró 2025 con 1.600 millones de dólares en contribuciones impagas, una cifra que más que duplica la registrada en 2024. Para Guterres, la tendencia es alarmante. “La trayectoria actual es insostenible. Deja a la organización expuesta a un riesgo financiero estructural”, advirtió en su misiva.
A este déficit se suma un problema adicional que, según el secretario general, profundiza la crisis de liquidez. La ONU está obligada a reembolsar a los Estados miembros los fondos no gastados, incluso cuando no dispone de efectivo suficiente.
Farhan Haq, portavoz de Guterres, explicó en rueda de prensa que esta dinámica genera un círculo vicioso. El propio secretario general lo describió como un “ciclo kafkiano”, al señalar que “se espera que devolvamos un dinero que no existe”.
El riesgo de quedarse sin efectivo es concreto. “La realidad práctica es cruda: a menos que las recaudaciones mejoren drásticamente, no podremos ejecutar por completo el presupuesto por programas para 2026 aprobado en diciembre”, escribió Guterres. Y añadió una advertencia aún más severa: “Peor aún, basándonos en las tendencias históricas, el efectivo del presupuesto ordinario podría agotarse en julio”.
Un cierre de mandato marcado por las divisiones globales
Guterres, quien dejará el cargo a finales de 2026, pronunció este mes su último discurso anual de prioridades, en el que describió a un mundo desgarrado por “divisiones geopolíticas autodestructivas” y “violaciones descaradas del derecho internacional”.
En ese mismo mensaje, denunció los “recortes generalizados en la ayuda humanitaria y al desarrollo”, en una aparente referencia a las políticas de “América primero” impulsadas por la administración Trump y a los profundos ajustes en los presupuestos destinados a agencias de la ONU.
La advertencia del secretario general deja en evidencia que la crisis financiera no es solo un problema contable, sino una amenaza directa a la capacidad de la ONU para cumplir su mandato en áreas clave como la ayuda humanitaria, el mantenimiento de la paz y la defensa del derecho internacional.
Sin una respuesta inmediata de los Estados miembros, el organismo podría enfrentar en los próximos meses uno de los escenarios más críticos de su historia reciente.









