En el estado de Maine, en Estados Unidos, una madre y su hija donaron más de 730 mil metros cuadrados de bosque para asegurar su conservación permanente; el terreno quedó bajo protección legal a cargo de York Land Trust, preservando su valor ecológico, histórico y comunitario para las futuras generaciones.

La donación de un extenso bosque en Maine se convierte en un ejemplo de conservación privada, al garantizar la protección de la biodiversidad, el patrimonio natural y el acceso comunitario responsable frente a la presión ambiental.
La donación de un extenso bosque en Maine se convierte en un ejemplo de conservación privada, al garantizar la protección de la biodiversidad, el patrimonio natural y el acceso comunitario responsable frente a la presión ambiental.

Por Stakeholders

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En Cape Neddick, una localidad costera del estado de Maine, Estados Unidos, una decisión familiar se convirtió en un hito de conservación ambiental. Becky Linney y su hija Shanlee donaron más de 730 mil metros cuadrados de bosque para asegurar su protección permanente y evitar cualquier forma de degradación futura. La iniciativa no solo preserva un ecosistema clave, sino que también garantiza su valor ecológico, histórico y comunitario a largo plazo.

La donación se concretó en agosto de 2025, tras un proceso de trabajo que se extendió por cinco años. Durante ese periodo, madre e hija coordinaron con York Land Trust, una organización reconocida por su labor en la preservación de espacios naturales en Maine. Con este acuerdo, el terreno quedó legalmente protegido y pasó a formar parte de la red de áreas conservadas para beneficio público, con la posibilidad de habilitar un acceso comunitario controlado.

¿Cómo inició este proyecto en Cape Neddik, Maine?

La historia del terreno se remonta a comienzos de la década de 1970, cuando Becky Linney adquirió la propiedad junto a su esposo. Desde entonces, el bosque se mantuvo prácticamente intacto, sin intervenciones que alteraran su estructura natural.

Esta continuidad permitió conservar un mosaico de ecosistemas que incluye extensos pinares, humedales y pequeñas lagunas, fundamentales para la flora y fauna local.

Además de su valor ambiental, la propiedad alberga elementos de alto valor cultural. En el área se encuentra una antigua construcción de piedra y un cementerio que data de principios del siglo XIX, vestigios que conectan el paisaje natural con la historia de la región y refuerzan su importancia patrimonial.

La decisión de donar el bosque estuvo guiada por una visión intergeneracional. Para Linney, la tierra es un recurso irremplazable y, una vez perdido, no puede recuperarse. Bajo esa premisa, la protección permanente se convirtió en una prioridad. La donación se consolidó así como una herencia ambiental destinada a las generaciones futuras, más allá del ámbito familiar.

Desde York Land Trust destacaron que este tipo de iniciativas privadas cumplen un rol clave en la conservación de ecosistemas, especialmente en un contexto de creciente presión sobre los recursos naturales.

La organización evalúa integrar el área a su red de espacios protegidos, lo que permitiría desarrollar actividades de educación ambiental y recreación responsable, sin comprometer la integridad del bosque.

¿Por qué proteger los bosques es una prioridad global?

Los bosques cumplen funciones esenciales para el equilibrio ecológico. Actúan como sumideros de carbono, ayudan a regular el clima, protegen las fuentes de agua y reducen la erosión del suelo.

También son refugio de biodiversidad y una barrera natural frente a eventos climáticos extremos, cada vez más frecuentes por el calentamiento global.

La pérdida de estos ecosistemas acelera la crisis climática y debilita la resiliencia de las comunidades. Por ello, las iniciativas de conservación privada, como la de Cape Neddick, complementan las políticas públicas y refuerzan la protección de territorios clave frente al avance de la urbanización y la explotación de recursos.

El caso de Maine demuestra que la conservación ambiental no depende únicamente de grandes proyectos estatales. Decisiones individuales, cuando se articulan con organizaciones especializadas y con la comunidad, pueden generar impactos duraderos y multiplicadores.

El bosque donado dejó de ser una propiedad privada para convertirse en un bien común protegido.

En un contexto global marcado por la presión sobre los ecosistemas, este legado verde envía un mensaje claro. Proteger la tierra hoy es una forma concreta de proteger el futuro, la biodiversidad y la memoria de los territorios que sostienen la vida.

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