Las inversiones del fideicomiso que gestiona el patrimonio de la Fundación Gates alcanzaron en 2024 su nivel más alto en nueve años dentro del sector de combustibles fósiles. Los datos financieros contrastan con el discurso climático de Bill Gates y reavivan el debate sobre coherencia, greenwashing filantrópico y justicia climática.

Informes revisados por The Guardian revelan que el fideicomiso de Bill Gates incrementó su exposición a empresas petroleras y gasíferas, pese a los compromisos públicos de desinversión.
Informes revisados por The Guardian revelan que el fideicomiso de Bill Gates incrementó su exposición a empresas petroleras y gasíferas, pese a los compromisos públicos de desinversión.

Por Stakeholders

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Durante la última década, Bill Gates se consolidó como una de las figuras más influyentes del debate climático global. El fundador de Microsoft instó la necesidad de acelerar la transición energética y evitar un colapso ambiental. Sin embargo, recientes revelaciones reabren el debate sobre la coherencia del discurso y decisiones de inversión vinculadas a su patrimonio filantrópico.

De acuerdo con una publicación de The Guardian, los informes más recientes muestran que el fideicomiso de Bill Gates, encargado de la Fundación Gates, incrementó de manera significativa su exposición a empresas dedicadas a la extracción de combustibles climáticos. Una información que ha sido cuestionada por activistas climáticos y especialistas en responsabilidad social.

Bill Gates y la Fundación Gates aumentan su inversión en combustible fósil

Los registros correspondientes al cierre de 2024 revelan que el fideicomiso invirtió al menos 254 millones de dólares en compañías como Chevron, BP y Shell. De acuerdo con un análisis de los formularios fiscales 990 PF revisados por The Guardian, esta cifra representa el nivel más alto en nueve años y un incremento del 21 por ciento frente a 2016.

Ajustado por inflación, se trata del monto más elevado desde 2019, el mismo año en que Gates aseguró públicamente haber desinvertido por completo de las empresas de petróleo y gas.

Si bien una parte del crecimiento puede explicarse por la revalorización de las acciones, los documentos muestran nuevas inversiones directas. Un caso destacado es el de Inpex, cuya participación pasó de 20 millones de dólares en 2020 a 139 millones en 2024.

Esta evolución contradice la idea de una desinversión sostenida y plantea dudas sobre la estrategia real del fideicomiso en relación con la transición energética.

¿Es greenwashing filantrópico de Bill Gates?

En 2021, Gates afirmó en su libro «Cómo evitar un desastre climático», haber tomado la decisión personal de no beneficiarse del aumento del valor de las acciones de empresas fósiles.

“Me sentiría mal si me beneficiara un retraso en alcanzar la neutralidad. Así que en 2019 desinvertí todas mis participaciones directas en empresas de petróleo y gas, al igual que el fideicomiso que gestiona el fondo de dotación de la Fundación Gates”, escribió.

Sin embargo, los registros financieros indican que, tras tocar un mínimo de 133 millones de dólares a finales de 2020, las inversiones del fideicomiso volvieron a crecer con fuerza.

El caso del fideicomiso de Bill Gates se ajusta a lo que diversos analistas definen como greenwashing filantrópico. Se trata de una práctica en la que el financiamiento de iniciativas climáticas o sociales genera beneficios reputacionales que terminan opacando el impacto negativo de decisiones financieras alineadas con industrias altamente contaminantes.

No es una contradicción menor, sino una lógica que permite acumular capital simbólico verde mientras se mantiene exposición a sectores responsables de una parte sustancial de las emisiones globales.

Cuando la filantropía climática no se acompaña de coherencia en la asignación del capital, corre el riesgo de convertirse en un mecanismo de legitimación del statu quo. En este caso, el fideicomiso financia programas de resiliencia y adaptación para comunidades vulnerables, al mismo tiempo que obtiene rendimientos de empresas cuya actividad agrava la crisis climática. Este doble rol diluye responsabilidades y desplaza el foco desde las causas estructurales hacia soluciones paliativas.

Desde una perspectiva de justicia climática, el impacto resulta aún más problemático. Las comunidades que sufren con mayor intensidad los efectos del calentamiento global, en su mayoría en el sur global, no son las que se benefician de las ganancias derivadas de la expansión fósil.

Cuando una figura con el peso económico y político de Gates normaliza esta lógica, contribuye a perpetuar un modelo en el que los daños se socializan y las ganancias se concentran.

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