Brasil dio un paso decisivo en su estrategia energética y científica al iniciar, en diciembre de 2025, la construcción de su primer microreactor nuclear en el Instituto de Ingeniería Nuclear, ubicado en Río de Janeiro.
El proyecto marca un hito para el país en la adopción de tecnologías de bajas emisiones y apunta a ampliar el acceso a energía limpia para cerca de 30 millones de personas que viven en comunidades aisladas y territorios de difícil conexión al sistema eléctrico convencional.
¿Cuáles son los objetivos del microreactor nuclear en Brasil?
Uno de los principales objetivos del microreactor nuclear es dotar a Brasil de autonomía tecnológica. El desarrollo de estos módulos compactos permitirá al país fabricar, operar y mantener esta tecnología sin depender de proveedores extranjeros, como ocurre actualmente en otros segmentos del sector nuclear.
Al internalizar conocimientos críticos en ingeniería de diseño, operación y mantenimiento, Brasil fortalece su seguridad eléctrica y consolida su posición como referente científico y tecnológico en el ámbito energético. Este avance se apoya, además, en el dominio que ya posee sobre el ciclo del combustible nuclear y el enriquecimiento de uranio.
La iniciativa cuenta con un financiamiento inicial de 50 millones de reales y reúne a 13 socios institucionales, bajo la coordinación de la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN). El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación confirmó recientemente el carácter estratégico del proyecto a través del portal oficial del Gobierno, reforzando su relevancia dentro de la política energética y de innovación del país.
En una primera etapa, el prototipo operará con una potencia controlada de 100 vatios, con el objetivo de evaluar parámetros clave de seguridad y validar el diseño del sistema antes de avanzar hacia escalas mayores. Las autoridades prevén que las soluciones tecnológicas definitivas queden validadas hacia el año 2033.
¿A dónde está dirigido el microreactor en Brasil?
El enfoque social del proyecto ocupa un lugar central en su planificación. Las autoridades priorizan llevar energía limpia y estable a poblaciones ribereñas, asentamientos en zonas boscosas, municipios con menos de 20.000 habitantes y regiones donde la expansión de líneas de transmisión resulta técnica o económicamente inviable.
Según estimaciones oficiales, hasta el 68 % de los municipios brasileños podría beneficiarse de esta tecnología, lo que representaría un cambio estructural en la vida de millones de personas históricamente excluidas del modelo energético tradicional.
Más allá del ámbito residencial, los microreactores nucleares también abren nuevas oportunidades para aplicaciones industriales. Se proyecta su uso en centros de datos, plataformas petroleras marinas y sectores como la metalurgia y la industria química, que requieren un suministro energético constante y confiable. En estos contextos, la tecnología permitiría reemplazar progresivamente a los generadores diésel, caracterizados por altos costos logísticos y elevados niveles de emisiones contaminantes, consolidando una alternativa limpia y eficiente.
Desde el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación subrayan el valor estratégico de esta apuesta. “Tratar la ciencia como motor de la política energética es fundamental para enfrentar los desafíos de la descarbonización y el desarrollo sostenible”, señalaron las autoridades, al destacar que el proyecto no solo responde a la creciente demanda de energía limpia, sino que también impulsa el desarrollo tecnológico nacional.
Con esta iniciativa, Brasil busca que los beneficios de una tecnología de alta complejidad lleguen directamente a los sectores sociales y productivos que más lo necesitan, integrando innovación, sostenibilidad e inclusión energética.









