Noruega decidió suspender hasta 2029 la concesión de licencias para minería submarina en el Ártico, una industria altamente cuestionada por su impacto ambiental. La medida es celebrada por organizaciones ecologistas, que piden convertir este aplazamiento en una moratoria definitiva.

Noruega frena la minería en aguas profundas del Ártico hasta 2029, en medio de fuertes críticas ambientales y presiones políticas.
Noruega frena la minería en aguas profundas del Ártico hasta 2029, en medio de fuertes críticas ambientales y presiones políticas.

Por Stakeholders

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Noruega ha dado un giro clave en el debate global sobre la minería en aguas profundas al decidir aplazar cualquier concesión de licencias en el Ártico hasta 2029. La medida frena temporalmente una industria cuestionada por sus posibles daños a ecosistemas vulnerables y llega en medio de intensas presiones políticas y ambientales.

El anuncio se convierte en un precedente internacional, especialmente después de que el país fuera el primero en autorizar este tipo de explotación el año pasado. Ahora, el Gobierno laborista busca asegurar apoyos parlamentarios mientras científicos y organizaciones ecologistas celebran lo que consideran un avance hacia la protección del océano profundo.

Noruega frena la minería en aguas profundas hasta 2029 en el Ártico

El acuerdo se alcanzó tras duras negociaciones entre los laboristas —que gobiernan sin mayoría— y varias fuerzas clave: el Partido de la Izquierda Socialista, el Partido Verde, el Partido Rojo y el Partido del Centro. El pacto era indispensable para asegurar el respaldo al Presupuesto del Estado de 2026.

La decisión revierte temporalmente uno de los movimientos más controversiales de los últimos años. En 2023, Noruega se convirtió en el primer país del mundo en autorizar la minería submarina a gran escala, abriendo la puerta a explorar cerca de 280.000 km² de aguas ubicadas entre Svalbard, Groenlandia e Islandia. La meta era extraer nódulos ricos en minerales como cobalto y zinc, esenciales para tecnologías limpias como baterías de vehículos eléctricos, paneles solares y pilas de combustible.

Aunque algunos sectores defendían que la actividad podía realizarse de manera sostenible, la comunidad científica ha advertido de graves riesgos. Los expertos alertan que la extracción podría provocar daños irreversibles en ecosistemas profundos, liberar carbono almacenado y afectar especies aún poco estudiadas.

Un informe de la Environmental Justice Foundation concluyó que esta minería no es necesaria para la transición energética. Según la entidad, la combinación de nuevas tecnologías, economía circular y reciclaje podría reducir la demanda global de minerales en un 58% entre 2022 y 2050. Su director, Steve Trent, fue contundente: “Sabemos muy poco del océano profundo, pero lo suficiente para estar seguros de que explotarlo acabará con fauna única, alterará la mayor reserva de carbono del planeta y no acelerará la transición hacia economías limpias.”

La reacción de grupos ambientalistas fue inmediata. “Esto debe ser el golpe de gracia para la industria de la minería en aguas profundas en Noruega”, afirmó Haldis Tjeldflaat Helle, de Greenpeace Nordic. La organización pidió además que el país lidere una moratoria global.

Pese a la presión, el primer ministro Jonas Gahr Støre aclaró que se trata de un aplazamiento y no de una prohibición: el futuro de la minería submarina dependerá del próximo Parlamento. “El Partido de la Izquierda Socialista no ostenta el poder para siempre”, señaló, aunque confirmó que no habrá explotación durante este periodo legislativo.

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