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¿El Arquitecto, el enemigo del Ingeniero? Y otros mitos de la educación de construcción…, por Francesca Mayer

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Francesca Mayer – CEO Perú Green Building Council


Tuve la suerte de participar del congreso de CITI AEC en la Ciudad de México el pasado mes noviembre. Si bien el evento estuvo enfocado en soluciones tecnológicas e innovación para la construcción, me sorprendió muchísimo ver un panel en el cual la educación era considerada una de esas herramientas de innovación. Sucede que para innovar y trascender, necesitamos retroceder algunos pasos y ver qué se está enseñando en las instituciones educativas y cómo se está enseñando. Los métodos convencionales de educación han quedado en el olvido, y con ellos, se presenta una gran oportunidad para innovar en la forma en la que se comparte la información con los alumnos y futuros profesionales del rubro. Las universidades, institutos y academias están obligados a estar un paso más adelante que las empresas y preparar profesionales aptos para el desafío de vivir en tiempos tan cambiantes.

Existe un mito sobre lo que se debe de enseñar a un profesional de la construcción. Si es un  arquitecto o ingeniero, los conceptos son muy distintos y, en muchos casos, la interacción entre ambos es nula. Ese es quizás el primer problema del sistema educativo constructivo hoy en día: la barrera entre carreras y profesionales. Países como Dinamarca y Suecia incluyen a profesionales de formación muy distinta al momento de desarrollar un proyecto; ingenieros, arquitectos, sociólogos, psicólogos, artistas, economistas, entre otros. ¿Por qué entonces en las universidades que ofrecen estas carreras las desarrollan de manera tan aislada, y hasta competitiva cuando al final los profesionales no harán más que trabajar de la mano? La manera en la que enseñamos debe cambiar.

La revolución tecnológica también tiene un impacto en la educación. Las clases online, el uso de diversas plataformas digitales y programas de optimización de procesos están arrasando en las universidades. Hoy en día no basta con que un alumno conozca solo AutoCAD; debe de conocer BIM en sus siete dimensiones, diversos programas de simulación energética, de modelados 3D, de iluminación, etc. ¿Hasta qué punto es responsabilidad de la institución capacitar en el uso de esos sistemas y evitar preparar solo técnicos? Esta es una incógnita de la que se habló bastante en el congreso y a la cual no se le pudo dar una respuesta certera. Hay tanto que enseñar, ¿pero hasta qué punto? Lo mismo sucede con la construcción sostenible, no basta con conocer conceptos básicos de arquitectura bioclimática; los alumnos deben de conocer los diversos sistemas de certificación presentes en el país, las normativas, innovaciones, la lista continua…

Como organización, tenemos la suerte de interactuar con diversas universidades y ver el cambio suceder frente a nosotros. Algunos de manera muy rápida, otros, más lento de lo que quisiéramos. La brecha tecnológica de las carreras constructivas entre universidades privadas y públicas está desapareciendo, sin embargo, el fortalecimiento de las habilidades blandas no. Es sumamente importante el saber comunicar una idea, tanto de manera escrita como hablada. Una buena idea mal presentada es una pésima idea, o al menos, es percibida de esa manera. Son cosas tan simples, como el saber escribir y el saber hablar. Otro gran mito de la educación constructiva, “los arquitectos e ingenieros son introvertidos, se expresan y redactan mal”. Pero, ¿Por qué? ¿No son acaso ellos quienes tienen que presentar y vender sus ideas? Nuevamente, algo está fallando en la forma convencional en la que enseñamos…

Las universidades deben de convertirse en laboratorios de exploración. Los proyectos de fin de curso o semestre deben brindar oportunidades de networking y aprendizaje fuera de la zona de confort de la carrera. Necesitamos profesores que sean profesionales de campo, que tengan proyectos reales y del día a día. Las aulas deben ser un espacio de aprendizaje para ambos alumnos y profesores, ellos deben de estar dispuestos a aprender también de sus alumnos. Lo único permanente es el cambio y si no preparamos profesionales que quieran cambiar día a día, entonces estamos preparando profesionales que sin salir de la universidad ya están obsoletos.