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¿Por qué el consumo masivo debe ser parte de la transición hacia una economía circular?, por Nadia Balducci

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Nadia Balducci
Gerente general de Triciclos Perú


La economía circular presenta numerosas oportunidades para las empresas. Desde el surgimiento de nuevas líneas de negocio hasta el ahorro relacionado a la gestión eficiente de los insumos, además de los evidentes beneficios reputacionales que conlleva actuar de manera consciente y con visión de futuro.

Las empresas de consumo masivo necesitan adaptarse a los constantes cambios en los hábitos de compra y preferencia de sus consumidores. Hoy en día, las tendencias pauteadas por ellos no se basan solo en el contenido del producto sino también en su empaque. Según el último reporte de Nielsen(2019) -una de las grandes bases de datos de tendencia de consumidores a nivel global- se espera un crecimiento de un 3.7 % en los productos con atributos de sustentabilidad en comparación con un crecimiento de un 0.7 % para los de formato tradicional. El reporte además menciona que el valor agregado lo dan principalmente las características de reciclabilidad y diseño de los envases y embalajes.

Por otro lado, la Fundación Ellen Macarthur ha calculado que la economía circular podría generar un beneficio de 1 billón de dólares para la economía global valorando, por ejemplo, aquello que actualmente consideramos como desperdicio. En este sentido, el estudio de Nielsen proyecta para el año 2021, un mercado de 120 billones de dólares en productos que contengan caracteristicas medioambientales.

Como menciona William McDonough, creador del concepto “Cradle-to-Cradle”, “el diseño es una declaración de intenciones”. Si las empresas de consumo masivo deciden entender el diseño de sus empaques y embalajes como una oportunidad para desafiar la inercia de la desechabilidad y entender su capacidad para empoderar al consumidor a adoptar acciones positivas post consumo, estarían provocando un cambio en el paradigma de la economía lineal, basada en la extracción inconciente de recursos naturales y en la generación de desperdicios de manera desmedida.

La invitación viene acompañada de la capacidad para resaltar y diferenciarse en el mercado. Entendiendo que los consumidores marcan tendencia hacia productos y materiales más amigables, las empresas que proactivamente asuman esas decisiones marcarán la pauta y tendrán una preferencia inminente de parte del público.

En cuanto a las regulaciones, ya hay varios países que tienen normativas en cuanto a la responsabilidad extendida del productor, sin embargo, si es que estamos en un país que aún no las tiene, debemos der proactivos antes que reactivos. De esa manera, las fábricas deben asumir un compromiso hacia un modelo de generación de basura cero post industrial, sus áreas logísticas deben incorporar estándares que provoquen a los proveedores a incluir conceptos de economía circular en sus servicios y, en general, la empresa tiene la responsabilidad de reconocer que la sostenibilidad es transversal e indispensable para todas las áreas.

Hay tendencias claras y una urgencia inminente. El planeta nos está demostrando que su capacidad resiliente tiene límites y que es hora de afinar estrategias, es momento de reemplazar los esfuerzos pequeños que terminan en una buena foto en medios de prensa por acciones que sumen de manera directa y contundente a la solución de los desafíos que enfrentamos como humanidad.

El sector del consumo masivo es gran parte del problema y tiene una responda significativa, evidencian los reportes y la naturaleza. Corresponde que asuman la responsabilidad y pongan en marcha su capacidad para influir positivamente entorno a la solución. Hay información, hay motivos y hay ejemplos de aplicación de conceptos de Economía Circular en nuestra región. ¿Qué es lo que falta?

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