¿Son los proyectos de infraestructura la mejor vía para lograr la aceptación social de la comunidad rural?

Por: Rafael Valencia Dongo
– Presidente ejecutivo de Grupo Estrategia

 

Con dramática y excesiva frecuencia se puede observar graves desencuentros entre los grandes proyectos de inversión privada en zonas rurales y la población del área de influencia de los mismos. Para lograr solucionar estos desencuentros es frecuente que las empresas se dediquen a servir de articuladores para desarrollar infraestructura, es decir “fierro y cemento”, convertido en comisarías, canales de regadío y otros similares, a efectos de lograr la aceptación social para el advenedizo que llega con sus recursos monetarios a cambiar la faz de esa parte del territorio.

En buena parte de los casos se puede observar que como se menciona en la obra La Divina Comedia de Dante Alighieri, el conflicto social cual cruel engendro “nunca satisface su hambrienta voluntad, tras comer tiene más hambre que antes”. Así, es muy frecuente escuchar a los funcionarios de las grandes inversiones decir que no entienden por qué mientras gestionan más infraestructura, generan mayor animadversión con los pobladores. Mientras tanto, los líderes opositores a la inversión no ofrecen infraestructura, “fierro y cemento, sino solamente gestionan los miedos y temores de la población. Al final, los que menos se dan cuenta de la pobreza son los pobres, con lo que termina perpetuándose este círculo perverso.

¿Son culpables de la perpetuación de la pobreza los líderes opositores a la inversión? Fácil sería echarles toda la culpa a ellos, pero creo que quizás buena parte de la responsabilidad está en quienes teniendo todas las herramientas económicas (de relación e intelectuales),  no pudieron  percatarse de cómo transformar la posibilidad del conflicto en una corriente poderosa de desarrollo sostenible, crecimiento económico, justicia social e igualdad de oportunidades.

Al parecer, los grandes inversionistas son los que menos se dan cuenta de que sus argumentos racionales de “inversión sostenible es igual a desarrollo”, no resisten el embate de los argumentos dirigidos al corazón, que vierten los opositores. El amor, afecto y apego a una causa no se piensa, se siente.

Entonces el principal enemigo de los inversionistas son ellos mismos, pues teniendo todos los elementos son incapaces de combatir en el corazón (sentimientos), en vez del cerebro (racional) como pretenden. Los grandes cambios en una comunidad se combaten principalmente en el sentimiento, no en la razón. Sino veamos el reciente Brexit, la separación de Gran Bretaña de la Comunidad Económica Europea. El Gobierno de David Cameron, primer ministro de Inglaterra se desgañitó por medios y en cuanto escenario pudo para demostrar que matemáticamente no le era conveniente a su país salir de la Comunidad Europea; sin embargo, fue derrotado por el argumento contrario no basado en la razón (cerebro), sino en la emoción (corazón). Apelaron a los sentimientos de territorialidad y dignidad, con lo que abatieron los argumentos racionales y matemáticos de porqué era conveniente quedarse en el seno de la Unión Europea; esto con mensajes como: “Un poco más de dignidad señores, nadie puede venir y menos un extranjero a decirnos qué debemos hacer o no en nuestras casas, el tiempo del colonialismo ya pasó”.  Esto generó la reflexión de porqué los europeos tenían que decirles a los ingleses cómo comportarse, cómo vender, a quién y a cuántos refugiados recibir, etc.

¿Ganaron los del Brexit? En mi opinión no fue así, quienes perdieron son los que pretendieron combatir con argumentos racionales, sentimientos hábilmente  exacerbados.

Estos sentimientos generan olas sociales en las que los políticos y la prensa se suben cual surfistas y se convierten en activistas; así pueden modificar y alterar una realidad, al margen de los intereses del propio pueblo al que dicen representar.

La depredación del líder que convierte en tontos útiles a cientos de pequeños líderes, que pueden conducir a los ciudadanos como ovejas al matadero de la perpetuación de la pobreza, ¿es un éxito de estos personajes? Creo que no, más bien es la negligencia  de quienes teniendo todos los recursos consciente o inconscientemente, no los usan ya sea por desconocimiento o, lo que es peor aún, por asco a la política (“no intervengo porque me mancho”). Entonces ¿a quién le dejas la política?

Como lo mencionábamos al inicio, hay un sentido de urgencia por cambiar la forma de actuar, poder lograr las inversiones y luchar contra la pobreza, siempre con protección y sostenibilidad de los recursos naturales.

 

El fierro y cemento vs. Los sentimientos

Empezaré mencionando solo un tema, de los 10 que he podido descubrir. Cuando el campo de acción está en el corazón de los ciudadanos, el uso frío del “fierro y el cemento” y la vigilancia del Gobierno convertida en represión, pueden ser solamente un indicador del éxito de las acciones de los opositores a la inversión como fuente de desarrollo. El seguimiento e incitación a la violencia es solamente una muestra inequívoca que los mensajes radicales son un éxito.

Por ello, analicemos si el uso frío del “fierro y cemento” convertido en obra pública, es una fuente de cambio de los sentimientos hacia la inversión:

  • El sentimiento es un afecto; el fierro y cemento es racional.
  • El sentimiento anima a miles de personas a soñar y actuar comunitariamente; el fierro y cemento solo llegan a cientos de personas. Por ejemplo, si se habla de un colegio se involucra a 200 familias; en cambio, si se habla de la dignidad de un pueblo, se puede hablar de miles o millones de personas.
  • El sentimiento invita a trabajar, a organizarse, a sublevarse, a adoptar una causa; en cambio el fierro y el cemento invita a ver cómo trabajan en la presa o la carretera cientos de personas a las que hay que vigilar celosamente para que hagan bien su trabajo.
  • El sentimiento se expande; el fierro y cemento pasan a volverse invisibles en breve tiempo.
  • El sentimiento puede cambiar percepciones de generaciones; el fierro y cemento no cambia de por sí el sentimiento de la gente. Por ejemplo: el juguete (fierro) no cambia la animadversión que tiene el niño hacia la madre, pero si previamente la madre le ha hecho repetir “mi mamá me ama y yo amo a mi mamá” (sentimiento); por tanto se internaliza la idea de que el juguete es producto del amor (sentimiento) y no del berrinche del niño.
  • Los sentimientos de mucha gente respecto a que la inversión privada desmejorará su vida, genera síndromes de desesperanza y desesperación; el fierro y cemento no mejorarán la indefensión. Por eso quizás la gente con más recursos, es la que más se suicida en el mundo.
  • El sentimiento está ligado a la propaganda; el fierro y cemento a las relaciones públicas (que además al ser de parte, nadie cree. Recordemos que el autobombo no funciona).

Podríamos seguir enumerando los motivos por los cuales no es posible combatir eficaz y eficientemente la generación de sentimientos, con argumentos tan racionales como el fierro y el cemento; sin embargo, creo que la contundencia de lo que sucede en el mundo nos releva de seguir.

 

Los proyectos blandos: una alternativa frente al “fierro y cemento”

Entonces, ¿cómo hacer para que las obras de bien social, dígase colegios, canales de regadío, saneamiento, comisarías, postas médicas, se conviertan en una base social amplia, activa y popular que permita llevar adelante los proyectos de inversión en recursos naturales de manera  sostenible? Por experiencia, creeríamos que deben considerarse las siguientes reflexiones:

  • Para el Estado las obras de “fierro y cemento” son un fin en sí mismas (los ciudadanos eligen a los políticos y los valoran por ello; sino veamos el caso del alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio quien tiene el 64% de aprobación, según la encuestadora Datum – Julio 2016); sin embargo, para las empresas solo son un medio ya que su fin es conseguir la aceptación social. La obra para las empresas debe ser considerada solo como una plataforma para lograr la convivencia armoniosa con la Comunidad.
  • La convivencia armoniosa es un sentimiento, por tanto “el fierro y el cemento” solo son una herramienta. Recordemos el ejemplo del juguete y el niño que no quiere a su mamá, sin la inculcación del sentimiento “mi mamá me ama y yo amo a mi mamá”, el juguete se convertirá solamente en un instrumento que agrave el
  • Si se trata de cambiar sentimientos, se trata de generar bases sociales y estas demoran, pero el tiempo -en este tipo de herramientas- no es un problema por cuanto permite la relación entre la comunidad y la empresa. Un proyecto social que termine muy rápido, no sirve; en cambio uno que dure entre tres o cuatro años es excelente, como por ejemplo un proyecto de salud, de fortalecimiento de las capacidades de la comunidad, entre otros. En ese sentido, la herramienta de Obras por Impuestos puede ser un buen punto de rozamiento, de estrechamiento de relaciones entre el Estado, la Comunidad y la Empresa.
  • Toda obra de “fierro y cemento” debe ir precedida, acompañada o por último culminada con procesos “blandos”; es decir, si decide hacer un canal de regadío, este debe ser acompañado por 3,000 capacitaciones para lograr el uso productivo del recurso hídrico en una suerte de Gestión Social del Agua. Los capacitadores obviamente no debieran ser de la Universidad X, sino de la Empresa Y. Así como se capacita y sensibiliza a los trabajadores de una empresa respecto a la seguridad, también se debe sensibilizar a los pobladores respecto a la necesidad de las inversiones para el logro de los objetivos de los pobladores; de esta forma darle a entender que su canal de regadío, como en los últimos 70 años, no mejorará sin la intervención de los impuestos de la empresa.

Atraer  a miles de pobladores como “embajadores” de la empresa es algo completamente posible si no se sigue una y otra vez caminos largamente transitados por el caos social; si se quiere cambios en una dirección de entendimiento entre la Inversión, la Comunidad y el Desarrollo, quizás lo mejor sea entender primero que los sentimientos no se cambian con “fierro y cemento”. La obra es buena, pero no suficiente; sino fíjese como actúan los opositores a la inversión ¿Acaso construyen caminos, canales, comisarías u obras de saneamiento para convencer a la gente, o solo trabajan en el corazón de las personas? ¿Lo hacen solo porque es más barato o porque es más efectivo?

Si los opositores a la inversión pueden, porqué los promotores de las mismas no se animan a realizar proyectos SNIP de servicios; es decir proyectos blandos, no duros o en todo caso convertir los proyectos de “fierro y cemento” (duros) en “blandos”. Anímese a trabajar donde está la gente, las iglesias, los ronderos, las asociaciones de padres de familia y comprométase en cambiar la consciencia juntos.

 

De lo racional a lo sentimental

El interés público de la Comunidad,  la responsabilidad de la empresa  y el compromiso de los políticos debe mover  a la gente a hacer frente a los líderes violentistas, pecuniarios  y antisistema. El principal incitador del cambio radical de la pobreza debe ser la necesidad de igualdad de oportunidades, el sentimiento de que es posible el cambio del poblador,  primero en forma individual y luego empujando el cambio colectivo.

Las obras de infraestructura serán así solo una herramienta, un anhelo de la población para lograr el cambio del sentimiento de indefensión al de la autosuficiencia. La mina, la carretera o el canal de regadío deben ser previamente anhelados como instrumentos para lograr materializar lo que una visión compartida entre la comunidad, el estado y la empresa ha ilusionado a los ciudadanos. Si no se toca el corazón de los ciudadanos previamente al uso del  fierro y el cemento (como los representantes de los argumentos racionales y  cerebrales), entonces le podría pasar lo mismo que al ex Primer Ministro David Cameron: muchas razones para no salir (Brexit) y  poca apelación a los sentimientos. Las consecuencias están a la vista. Ahí lo dejo.

Etiquetas: , ,