Rafael Valencia-Dongo: ¿Por qué los ciudadanos se dejan conducir por líderes contrarios a la inversión?

Por: Rafael Valencia-Dongo
Presidente ejecutivo del Grupo Estrategia


Los líderes que se oponen a la inversión privada como fuente de desarrollo son en buena parte personalidades con serias limitaciones morales, intelectuales y de oratoria, con intereses pecuniarios propios, sin historia de vida, pero con prontuario y en muchos casos ajenos a la zona en conflicto, es decir, son foráneos. En algunos casos representan a ideologías demostradamente ineficaces.

Rafael Valencia-Dongo Presidente ejecutivo del Grupo Estrategia

Esta clase de líderes se dan en todas partes. Últimamente, podemos ver a uno electo como presidente del país más poderoso del mundo y es claramente sexista, racista, anti libre mercado, misógino, entre otras características. Sin embargo, tiene embaucados  a los ciudadanos, y cada uno de sus actos fuertes, duros y espectaculares son celebrados por su pueblo hasta el paroxismo.

¿Qué poder tienen algunos líderes opositores a la inversión para encantar a la población y conducirlas por senderos que sin duda los mantendrán en la pobreza?  Tratemos aquí de descubrir algunas de las palancas, instrumentos que usan los falsos líderes para conseguir ese comportamiento de los ciudadanos que siguen a quien les dará solo dolor:

  • El discurso contiene un enorme desprecio al sistema establecido. La promesa del líder de llegar al poder se referirá a imponer un cambio de sistema o cuando menos que el sistema se torne violentamente más adecuado, aunque ello signifique atentar contra los derechos humanos, como la prohibición de permitir el ingreso de ciudadanos de determinados países o de poner un muro en un país que ha hecho su riqueza sobre la base de la globalización.
  • El tono del discurso debe ser fuerte y radical. El tono debe considerar que la población se encuentra usualmente con desesperanza aprendida e indefensión, por ende, necesitan de alguien que «levante la voz».
  • Sus discursos contienen nacionalismo, dignidad y territorialidad (tres herramientas imbatibles para generar consensos rápidos, pero también volátiles, como si fuera fuego en la paja seca). Si revisan el último discurso del presidente Donald Trump en la Juramentación de la Presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, el mismo estuvo lleno de estos tres elementos y supongo que habrán podido ver que los oyentes casi llegaban al paroxismo.
  • Acicatean a los ciudadanos a límites intolerables, con tal de lograr su propósito. Sus límites son amplios, si tienen que disponer de algunas vidas humanas para lograr sus propósitos no dudarán en hacerlo.
  • Utilizan argumentos facilistas que apoyen sus causas. Así también siempre encontrarán postulantes a sucederlos, a quienes convertirán en «expertos o científicos medioambientales», quienes exponen ante el mundo las realidades de la zona rural. Los actores no son solamente locales, sus extensiones llegan a diversos lugares del mundo que le sirven de caja de resonancia. Usan a la gente como marionetas y hacen de pequeños personajes héroes de talla continental.
  • Ofrecen acabar con esos dirigentes corruptos del orden establecido actual. El ciudadano está molesto con el presidente, el congresista, el gobernador y otras autoridades, y encuentran en este líder antinversión a alguien quien puede hacer el trabajo sucio de golpear a la lacra de políticos que tenemos. Así, el ciudadano no se tiene que ensuciar las manos, porque otro lo hará por él.
  • Convierten lo positivo en negativo. Más ingresos económicos, entonces más prostitución; nuevas carreteras, entonces invasión de foráneos; más contacto con el mundo, entonces más énfasis de las desigualdades de oportunidades; prosperidad generalizada, entonces más egoísmo y más gente desplazada, sobre todo entre los menos calificados, en una suerte de infravaloración de su gente producto de que los nuevos ciudadanos empujarán hacia abajo a los habitués.
  • Se presentan como conductores y protectores de los miembros de la tribu, así como los conductores de los instintos destructivos y trogloditas que tenemos todos los seres humanos. Es el que pone orden, ya que el Gobierno de turno no puede o se ha aliado con las empresas. Así ponen en exhibición el enorme poder que tienen en determinado espacio y tiempo, aunque claramente ese poder no signifique autoridad. Al no contar con autoridad formal como herramienta, entonces la violencia y la rudeza es la herramienta usada eficazmente.

Usualmente, estos falsos líderes también cuentan con ciertas características negativas que las utilizan para dar «base» a sus argumentos sin fundamentos.

  1. No son conocedores de los temas que defienden, probablemente ni los entienden (por ejemplo, defienden a ultranza el medioambiente y ni siquiera pueden definir con claridad qué es). Todo lo simplifican a la frase de «la mina contamina», como si algo en la vida no contaminase. La población sabe que no son expertos en la materia, pero ellos dicen lo que quiere escuchar la población. Con ello se reafirma el mensaje: miente, miente que algo quedará (Joseph Goebbels dixit), lo cual se reedita desde la época de los nazis.
  1. No les preocupa en absoluto decir cualquier necedad con tal de caer bien en la población objetivo. Son más maquiavélicos (manipuladores) que personajes errados y confundidos. Pueden mentir sin reparos y con una facilidad extrema. No se preocupan en conocer a fondo la información o los hechos, lo que pretenden es solamente llevar adelante sus propósitos. Como se dice coloquialmente, llevar agua para sus molinos.
  1. Saben que su posición pública es errada, de hecho en lo privado así lo manifiestan, pero no les importa. Más importante es mantener a la población ensimismada en los argumentos que él les presenta y en la forma en que la población no tenga la certeza de que los está engañando cínicamente.
  1. No tienen ningún reparo en eliminar a aquel que pretenda poner en evidencia clara que su actuar no es en beneficio de la población. La réplica al debate público nunca pretenderán hacerla por los argumentos, sino por el insulto, el miedo y la intimidación.

¿Si todo ello pueden hacer los falsos líderes, entonces que se puede hacer en contrario? Primero, obviamente tenemos que descubrir con claridad qué herramientas usan los falsos líderes, lo cual hemos pretendido hacer en breve síntesis en el presente artículo, para luego, con ese conocimiento, restaurar el tejido social.

Hay que pensar en que los seres humanos actúan por la emoción y justifican su actuar por la razón. Por ejemplo, se compran un vehículo 4×4 por la emoción de sentirse superior al resto y luego justifican su actuar manifestando que necesitaban un auto de esas características por seguridad para su esposa e hijos.

Usualmente, queremos solucionar el problema de la influencia de los falsos líderes sobre la base de construir infraestructura (saneamiento, colegios, canales de regadío), cuando primero se debe trabajar en la emoción, es decir, menos infraestructura y más trabajo para el cambio transformacional que luego lleve a la infraestructura.

En fin, no hay receta única que arregle de un solo golpe el problema: se necesita un cóctel de combinaciones para cada caso que permita reestablecer el tejido social y formar bases sociales a favor del desarrollo. Día a día se debe luchar para reconstruir la razón común.