Que no se nos pase, otra vez, el tren

Jorge Melo Vega Castro
– Presidente de Responde

Ya no somos pobres y se nos considera como un país de renta media. También podemos decir que en verdad hay muchos países que son más pobres que nosotros; sin embargo, es cierto que el Perú ha mejorado, hemos logrado reducir brechas importantes, en cuanto a cobertura social, que ha permitido sacar a muchas familias de la pobreza extrema. Mantenemos de todos modos en la agenda, como pendiente, conseguir transformar a los pobladores en ciudadanos.

El crecimiento económico de los últimos quince años no ha podido complementarse con una evolución del Estado para aproximarse más al ciudadano, que hubiese permitido mejorar el diálogo e identificar las oportunidades para su desarrollo. Más bien hemos tenido una relación muy pobre, por las propias limitaciones de los funcionarios públicos, que han estado de espaldas al ciudadano; tanto así, que las propias autoridades locales y regionales no se reconocen como parte del Estado, lo que ha generado una brecha mayor en la confianza hacia las instituciones. No hay rostros, no hay responsables.

El lado positivo de la mejora económica es que ha permitido el despliegue de mayor infraestructura, sobre todo de las telecomunicaciones, que puede servir como una importante plataforma para mejorar la relación del Estado con sus ciudadanos. Esa facilidad que nos ofrece la tecnología permitirá incrementar la confianza y empoderamiento de las personas para transformarse, ahora sí, en auténticos ciudadanos. Esas redes construidas con cables y espectro radioeléctrico, ayudará a tener una relación más próxima a la administración y similar a la de cualquier otro peruano que viva en la capital.

Ciudadanía digital

Este nuevo escenario no va a construirse únicamente por el hecho de contar con la conectividad a Internet y el uso celulares, se tiene que gestionar proactivamente y el usuario entender que el adecuado uso de las redes sociales también le ofrece servicios públicos, en la medida que el Estado ha sabido desarrollar una nueva relación digital con sus ciudadanos. Ya no debe importar en qué lugar del país se resida porque la ciudadanía digital elimina la brecha geográfica e iguala la oferta de trámites administrativos, de documentos públicos. Se podrá ofertar prevención en salud, en educación, bancos, transacciones en general, entre otras facilidades. El Estado será igual para todos y sin discriminación.

La locomotora digital que arrastra los vagones de la modernidad y de interacción con los usuarios no se nos puede pasar, existen ya varios países de renta media que la están aprovechando de forma envidiable. En el Perú contamos con algunos organismos públicos que ofrecen mayor proximidad al ciudadano, sin necesidad de abrir oficinas. Es más, la apertura de oficinas físicas para la prestación de servicios resultan discriminatorias para los vecinos de aquellos distritos que no cuentan con ellas. Esta nueva relación, también obligará a que se cuente con un perfil diferente de funcionario público, sobre todo de aquel de la ventanilla. Esa relación con la administración también mejorará, porque la ciudadanía digital eliminará procesos, trámites, y “voluntades”, muchas veces discrecionales del empleado.

Hoy la mayoría de la población urbana y gran parte de la rural ya cuenta con Internet, los teléfonos móviles están haciendo la tarea. Las convocatorias de actividades comunales, a través del Facebook, que hemos visto en las comunidades rurales, deben migrar hacia un encuentro con plataformas de servicios con el Estado, donde los ciudadanos no sean meros usuarios pasivos, sino que alcancen iniciativas y generen interacción con la administración. La auténtica ciudadanía digital pone al ciudadano como protagonista.

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