Un matrimonio para salvar al mundo

Por: Hans Rothgiesser
Director Adjunto Revista Stakeholders


Casarse frente al mar puede resultar un cliché, pero esta vez no lo fue.  Un amigo decidió hacerlo en Ancón y ha resultado uno de los matrimonios más emotivo a los que he ido.  No hubo ceremonia religiosa.  Se trató solamente del matrimonio civil y de una ceremonia muy personal que incluía mucho simbolismo.  Esta pareja en especial se estaba casando después de varios años de noviazgo, los cuales habían sido interrumpidos por casi un año de rompimiento.  Sin embargo, en contra todo pronóstico y estadística al respecto, estos dos muchachos volvieron a estar juntos después de un año de separación.  No solo eso, sino que se han terminado casando en un hermoso evento que solo hace presagiar que esta unión se mantendrá por mucho mucho tiempo.

Los familiares eran los que suelen ser.  Algunos habían venido desde otro continente.  Otros desde Brasil.  Pero ahí estaban todos los que debían estar.  Y los amigos separaron más de un día para poder estar ahí.  Después de todo, se trataba de un matrimonio en Ancón, balneario al que hay que llegar por la Panamericana Norte, una carretera que alguna vez fue vía rápida pero que hoy en día difícilmente califica como carretera por sus semáforos y tráfico intenso y asaltos en plena vía.

Todo matrimonio es emotivo, supongo.  Después de todo, hay que aplaudir la valentía de una pareja decide vivir el resto de sus vidas juntos.  No obstante, no siempre esta decisión se toma responsablemente.  A veces es producto de la presión o es una urgencia porque algo está por llegar en unos cuantos meses (menos de nueve).  O quizás porque es incómodo seguir presentándose en reuniones como novios después de tanto tiempo.  Hay muchas razones por las cuales apostar en contra de un matrimonio.

Éste no era uno de esos casos.  Si tuviera que apostar, diría que durará mucho tiempo y que trascenderá muchas otras uniones que he visto recientemente, incluso algunas también celebradas en otras playas.  Por fotos en Facebook, por supuesto.  Un viajecito de esos no lo hago por cualquiera. Como dijo uno de los invitados en un discurso que tenía preparado para la ceremonia, cuando estos dos muchachos decidieron volver a ser pareja después de haber pasado casi un año separados, fue como si se hubieran casado realmente.  Fue ahí que tomaron la decisión tácita de unificar sus proyectos de vida.  Ese evento en Ancón fue apenas una formalidad.  Y si bien fue muy profunda y significativa, dentro de la mitología de esa unión, no es el capítulo más importante.

Un matrimonio es un proyecto a largo plazo.  Como tal, es importante definir cómo es que se inicia.  Una relación que se espera que dure años debe tener como base algo sólido y sostenible.  Algo que se retroalimente conforme el proyecto avanza adecuadamente.  Esto es, por supuesto, si el proyecto es diseñado inteligentemente.

Porque, verán, como decía el filósofo Erich Fromm, hay diversas formas de amor, pero los elementos necesarios para un amor maduro son el cuidado, la responsabilidad, el respecto y el conocimiento.  Esta pareja que se casó en Ancón tiene estos elementos de sobra y solo queda que sus amigos y familiares los apoyen en los momentos difíciles y confusos.  Por suerte, amigos y familiares dispuestos a esto tienen de sobra, por lo que pudimos ver durante la ceremonia.

Así como un matrimonio, todos los proyectos a largo plazo requieren de una dosis de amor, sobre todo si estamos hablando de proyectos de responsabilidad social.  Amor por el prójimo, amor por los seres más cercanos, amor por uno mismo.  En ese sentido, es inspirador ver que sigue habiendo tanto de todo eso para mantener el trabajo social encaminado en este país y así aspirar a tener una sociedad mejor en el futuro.  Mientras tanto, toda la suerte del mundo a Philippe y Mila.  Que el amor de todos los que los rodean los inspiren a ustedes, como el vuestro nos ha inspirado a nosotros.

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