La empresa del César

Por Hans Rothgiesser

En el Perú muchas veces -no siempre- las empresas privadas se enfrentan a representaciones incorrectas por parte de la prensa acerca de cómo hacen las cosas. Son pocas las ocasiones en las cuales se reconocen los esfuerzos que algunas empresas hacen por hacerlo todo correctamente y siguiendo principios y valores que desean mantener. Algunas veces algunos medios cuelgan las notas de prensa. Pero al siguiente domingo, cuando se arma un reportaje especial se parte del supuesto de que la empresa privada es la culpable de los problemas o que el modelo económico es el que permite la corrupción.

Las razones por las cuales existe esta representación son varias. Muchas de estas son justificables, como el mal sabor de boca que nos deja a todos casos de corrupción como los de Odebrecht. En otras situaciones son producto meramente de prejuicios o de intereses políticos, que ven en la empresa privada el perfecto chivo expiatorio o la cortina de humo para poder desviar la atención de la población.

Teniendo eso claro es dos veces más importante en el Perú que las empresas que quieren diferenciarse y hacer las cosas bien no solo las hagan bien, sino que también lo aparenten. Esto pasa por varias acciones que las empresas peruanas no siempre abordan.

Hace mucho que quedó claro que no se trata solamente de tener un proyecto de responsabilidad social y ya. Se trata de mucho más que eso. Se trata de preocuparse integralmente de todos los que son afectados por la empresa. Por pagar salarios justos. Por usar toda la tecnología disponible para reducir la contaminación. Por estar preparados para desastres naturales. Todo eso.

Sin embargo, incluso así no es suficiente.

Hoy en día el papel de la prensa y las redes sociales son incuestionables a la hora de explicar el prestigio que puede tener una empresa. La relación de una marca con su público en buena parte se lleva a cabo a través de las redes sociales, incluso si la empresa no tiene cuentas ahí. La gente habla y compara experiencias. Esto va a suceder, quieran los gerentes afrontar la situación o meter la cabeza a la tierra. Algo similar sucede con la prensa. Hablará de ti, tengas o no un área de relaciones públicas.

El autor Dov Seidman en su libro How nos explica cómo vivimos en un mundo en el que cada vez es más importante cómo es que hacemos las cosas, por encima de la cosa misma que estamos haciendo. Un bien o un servicio es fácilmente copiable. Con el poco respeto que tenemos en el Perú por los derechos de propiedad intelectual, eso nos queda claro. Lo que nos diferencia es cómo lo hacemos. Seidman argumenta que esto permite al cliente generar un vínculo emocional con la marca.

Solo con un correcto y definido gobierno corporativo es que se puede saltar a esta nueva era. ¿Qué mejor forma de proyectar transparencia y confianza, que con prácticas que aportan a la seguridad económica y jurídica y que fomentan el crecimiento sostenible? El buen gobierno corporativo es el conjunto de normas que regulan el funcionamiento de una empresa. Entre otras cosas, define las relaciones entre los accionistas, la gerencia general, los empleados, etc. Y esto no solamente es para que se vea bonita la empresa. Sirve también para saber de antemano qué hará la organización cuando haya un imprevisto, quién será el responsable. Así si sucede algo, no hay que esperar a que se emita un comunicado de prensa para tener una visión más clara de lo que ha pasado.

En la era de la super información, cuando gente responde correos electrónicos tan rápido que el correo al que está respondiendo aún no ha sido enviado, todo esto importa si es que quieres que el público tenga una relación positiva con la marca.

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