El Acuerdo de París y el empresariado

Luciana Puente
Líder Comité Público-Privado L+1

A finales del 2015 el mundo, al firmar el Acuerdo de París, se puso de acuerdo por una meta común, pues de seguir viviendo al ritmo en que venimos haciéndolo, alcanzaríamos los 2 grados de aumento de temperatura (tomando como base la etapa pre-industrial) y con ellos, las condiciones climáticas harían muy difícil la subsistencia de cualquier tipo de vida. El Perú se comprometió a reducir sus impactos en 30%: 20% se asumirá con esfuerzos y presupuestos nacionales y un 10% adicional se condiciona al financiamiento que provenga de los países desarrollados.

Se entiende que más de un 60% de las metas nacionales debería provenir de la gestión privada, pues son las que más impulsan el desarrollo y por lo tanto generan una importante cantidad de gases efecto invernadero, pero a la vez, tienen mayor capacidad para invertir en innovación y en un redireccionamiento hacia un desarrollo resiliente, mitigando sus impactos ambientales y adaptando su operación futura a las nuevas condiciones de juego que impondrá el cambio climático.

Se tienen identificados los sectores en los que el Perú tiene que enfocar sus esfuerzos, a saber: forestal, pesquero, agricultura, procesos industriales, energía, transporte y residuos. La PCM creó en 2015 una comisión multisectorial adscrita al MINAM para construir una estrategia transversal y coordinada que genere acciones que a la vez nos encaminen hacia las metas comprometidas en el Acuerdo de París.

Con este conocimiento, es imperativo difundir los lineamientos generales para encaminar las acciones hacia la consecución de las metas climáticas, pero falta una pieza clave en todo este proyecto: la intervención y el involucramiento de la empresa privada.

Preocupante es que información como las metas, los sectores críticos y los lineamientos básicos no hayan bajado a los líderes empresariales, pues en diversas entrevistas sostenidas con empresarios peruanos en las últimas semanas dejaron ver su falta de conocimiento e información sobre cuáles son los compromisos[1] adquiridos, en qué forma los mismos afectan sus respectivos sectores y sobre todo cuál es el rol que ellos deberían jugar.

El Estado debe crear el marco para fomentar la participación de las empresas, generar confianza, establecer metas claras, facilitar el acceso a instrumentos financieros (APP, OxI, entre otras) e innovar con incentivos y reconocimiento a las empresas pioneras que generarán la reacción en cadena. Es importante que los empresarios puedan alinear sus planes estratégicos con las contribuciones nacionales y obtengan para esto toda la guía y apoyo necesarios.

La campana de inicio sonará en el 2020, que es cuando los países (“las partes”, para estos efectos) empezarán a ejecutar los proyectos que supuestamente se están desarrollando desde que cada uno firmó y ratificó su compromiso. Los esfuerzos que hagamos como país para cumplir con este objetivo, nos permitirán llegar al bicentenario con lineamientos y políticas más claras sobre mitigación y adaptación al cambio climático, habiendo ya calado en los peruanos a nivel personal, corporativo y nacional los conceptos y modelos (de vida, comerciales u operativos) responsables y respetuosos con el mundo.

[1] Que para estos efectos se llaman “contribuciones nacionalmente determinadas” o NDC por sus siglas en inglés.

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