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¿Pueden las empresas cerrar brechas de exclusión social?, por Alexandra Ames

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Por Alexandra Ames
Directora ejecutiva de Poleas Lab


Muchas empresas hacen grandes esfuerzos por impactar de manera positiva en las comunidades donde trabajan. Pero, ¿cuántas de ellas están aportando de verdad?

Alexandra Ames – Directora ejecutiva de Poleas Lab

Lo primero que se debe tomar en cuenta para lograr esto, es que es necesario medir todos los esfuerzos que se vienen realizando y llevar a cabo evaluaciones de impacto que permitan identificar qué cambios están generando los proyectos sociales en sus usuarios pero, más importante aún, es identificar cómo esto se traduce en cambios positivos para el territorio. La mayoría de empresas se conforma con medir resultados intermedios, como “número de asistentes” o “número de beneficiarios” pero no se produce mayor información que permita identificar si realmente se está aportando o no en la comunidad.

Un aspecto fundamental para ser realmente efectivo en la generación de impactos positivos en la comunidad radica en, dentro de la estrategia de responsabilidad social, proponerse metas de movilización de indicadores territoriales vinculados a la inclusión social.

Sobre esto último, un segundo aspecto a tomar en cuenta es tener plena claridad de quiénes son los usuarios del programa y si estos son las personas que más se deben priorizar realmente dentro del territorio. Es decir, si tengo un programa de desarrollo productivo que tiene como meta elevar los ingresos de la gente y combatir la pobreza, ¿tenemos conocimiento respecto a si estos beneficiarios son extremo pobres? En el caso de proyectos educativos para mejorar los aprendizajes, ¿sabemos si se están priorizando a las escuelas, o, de manera mas focalizada, a los alumnos que peor rendimiento académico tienen? De lo que se trata, para ser efectivos en la transformación positiva de comunidades, es de enfocarse en cerrar brechas sociales, y para ello el primer paso es identificar cuáles son estas brechas y el segundo paso, quiénes son las personas que adolecen de estas brechas e incluirlos en los programas que implementamos.

Si lo que realmente buscamos es impactar en la sociedad, debemos estar seguros de que los usuarios de nuestros programas sean debidamente focalizados y estrechamente vinculados con las necesidades que hemos identificado en el territorio.

Lo que no se mide, no se puede mejorar y si no nos detenemos a mirar cómo está nuestro territorio ni vinculamos nuestras metas con las reales necesidades de la gente, difícilmente vamos a lograr aportar las comunidades.

El objetivo no es que la empresa reemplace al Estado sino que la complemente o, mejor aún, que ayude a fortalecer su institucionalidad. Duplicar funciones es lo más ineficiente que podemos hacer pero a veces no somos conscientes de que los estamos haciendo al trabajar de manera aislada del gobierno.  Para evitar esto, se hace necesario optar por un enfoque de trabajo multisectorial en donde la relación activa con el gobierno, es clave.

¿Y si el alcalde o gobernador no quiere trabajar con la empresa? Cada autoridad política es un mundo particular por lo que se requiere de estrategias personalizadas para fortalecer un acercamiento. Sin embargo, lo importante es identificar qué intereses tienen las autoridades (éticos, evidentemente) que permitan conectarnos y que vean el atractivo de lo que la empresa les puede ofrecer a su gestión y a su comunidad.

No se debe tener miedo a proponerse metas ambiciosas vinculadas al cierre de brechas sociales. Personalmente he visto a muchas empresas decir que ellos no van a aportar con ese tipo de indicadores sino que solo “promueven mejoras”. La triste noticia es que mientras se reconozcan como simples promotores y no se atrevan a reconocerse como agentes de cambio y se sientan capaces de medir sus resultados de manera efectiva, nunca lograrán impactar realmente en el logro de una adecuada inclusión social en el para sus territorios.

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