El sentido de la vida hoy

Por: Baltazar Caravedo
Presidente de Sistema B Perú

Las acciones, actividades y resultados del hacer humano tienen un sentido, tanto para cada individuo como para la humanidad toda. Es por ello que les podemos atribuir valor. En otras palabras, no hay valor sin sentido; cuando se modifica el sentido se altera el significado del valor.

El sentido se redefine continuamente, por un lado, en cada uno de los seres humanos. En este caso se trata de un sentido que pertenece al individuo. Por ejemplo, la variación en la situación familiar, laboral, amical, y otras, dan nuevos sentidos. Obtener un nivel de ingresos para salir de la pobreza, tener acceso a un sistema de agua potable y desagüe, construir una familia, hacer un nuevo grupo de amigos, etc. Implica establecer nuevos vínculos y responsabilidades, y adquieren valor nuevos elementos.

Pero el ser individual se despliega en diferentes planos y dimensiones. Por ejemplo, sus formas de comunicación a través de internet les da una conectividad que no tenían cuando sólo existía el telégrafo; sus opciones para la obtención de alimentos comprando en un supermercado que se puede encontrar en cualquier punto de la ciudad o del territorio les permite dejar de lado las largas distancias y la muy pequeña variedad que ofrecían los mercados artesanales; la posibilidad de escoger una autoridad política mediante elecciones les permite una dinámica de poder que hace posible la revocación, situación distinta al período feudal o monárquico en que la que se les imponía a los ciudadanos un tipo de legislación y orden utilizando la religión; los impactos ambientales generados por la revolución productiva del último siglo que provoca el cambio climático distan de las tecnologías relativamente inocuas al ambiente del pasado lejano. Cada uno de los planos comunicacional, económico, político, social, ambiental, etc. tiene pesos y lógicas que privilegian diferentes formas de vinculación según períodos históricos.

Ahora, bien, el propósito complejo de una persona surge en el marco de un contexto histórico. Una persona nacida en una etapa primitiva del desarrollo de la humanidad tendrá como sentido la continuidad inmediata de su existencia; si no caza o cultiva no puede prolongar su propia vida; requiere de armas para matar animales y de herramientas y conocimientos mínimos para comprender y hacer producir la tierra. Más aún, la manera en que se vincula o relaciona con sus iguales marcará su lógica de comportamiento. Si forma parte de una tribu o si sólo es una familia aislada dará patrones distintos. Si nos desplazamos a otro período histórico no será lo mismo impulsar una pequeña empresa que estar al mando de una gran corporación. El lucro y el escalamiento de posiciones para la adquisición de más poderes serán motivaciones distintas a la que tienen los empleados de esas empresas que buscan mantenerse en sus puestos de trabajo.

Pero, por otro lado, la humanidad desplegada como la dinámica de la totalidad de aglomerados de seres humanos dará origen a formas de producción, de intercambio, de organización, de poder, de tecnologías y culturas, de creencias y sentimientos, de impactos que genera en su entorno, etc. La dinámica en el tiempo en el que se desenvuelve la humanidad producirá nuevos sentidos. Será diferente si la persona vive en una sociedad primitiva exclusivamente agrícola, si se encuentra en medio de la aparición del feudalismo, bajo un régimen monárquico antiguo, o bajo la emergencia y predominio del mercado capitalista en sus diferentes momentos (primera revolución industrial, segunda, tercera, cuarta) o si vive en una crisis que amenaza la vida sobre la Tierra.

El sentido de la humanidad que enmarca el sentido de los individuos constituye el factor que define el valor. Para el iluminismo fue la creación de la sociedad de la razón. Para la emergencia del capitalismo y la revolución burguesa fue la generación de la prosperidad para todos. Para la revolución socialista fue una sociedad sin clases. Esos ideales no se han cumplido. Para el momento en que vivimos hoy es el aseguramiento de la vida y la humanidad sobre la Tierra; en otras palabras, el desarrollo sostenible. Es, en buena medida, lo que propone Naciones Unidas. Una vez más hay que proclamarlo: Es necesario transformar el sentido de las empresas, de las escuelas, de las comunidades, de la vida cotidiana. Hay que darle valor a la colaboración, a la sostenibilidad, a la continuidad del sistema humano, a la vida.

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